Miércoles, 5 Septiembre 2007

Ante Él.

Ante Él.


Y ante la miseria de la fría mano y el dormido cerebro, que ya no reposa, presa de un honesto cansancio sino del miedo

La informe mueca se desvanece como sierpe sinuosa que a la carne tienta…

Los caminos del cuerpo se han avejentado, crudo, cada poro se ha hecho grieta y los ojos antes anhelantes y sedientos… Ahora son páramos tristes y llanos quemados por la falta de alimento.

El terror del día a día y las pesadas cuentas… son reproches que sepultan el trabajo.

El esfuerzo ingrato, la faena inútil y al terminar de ver el gran rostro amarillo,

la burla es evidente, el absurdo, medicina para el deseo.

Llorar es poco consuelo…

El llanto es daga… afilada roca, que rompe la mirada.

Ante Él, póstrate en busca de misericordia. Hijo mió, acepta tu cruz y negra herida.

Ante Él, muchos ruegan.

Ante Él, muchos gritan y anhelan, creyendo que aun la tierra gira, producto de su voluntad piadosa.

Ella y yo, ya no creemos en palabras y promesas, de un reino que vendrá a nuestra mesa…

Ausentes en nuestra fotografía, emprendemos el perpetuo traquetear de vías y múltiples formas de encierro: Callejuelas, vehículos, edificios, plazas y parques. Mentes, prejuicios, expectativas y simples rostros que no entienden. Todo parece repetirse, horas siniestras que sólo recuerdan: “Lo pequeño que somos en este anónimo globo”.

El reloj infinito y sus archiveros demenciales. Sólo atesoran, el mismo punto de llegada… el ruego denigrante, la alabanza enviada al cenicero.

Esa maldita incertidumbre del ultimo día…

Y ante el dolor de lo que exhiben las pantallas, paseamos nuestra esperanza, procurando no morir antes de tiempo…

Más cuan duras son aquellas circunstancias, eternas contradicen y se vuelven hábitos, una paz forzada…

Sólo queda acomodar el cuerpo y esperar algo que nunca llega.

Que sólo germina y se nutre en nuestros estúpidos sueños…

Es la ingenua carga de Sísifo, condenados a la cima y la piedra…

Y todo, todo para ver si podemos dar sentido, a este universo en que nos arrojan a morir viviendo…

Ante Él, sagrada mentira. Damos la vuelta sin odio; perdimos toda fe culposa y justicia hecha por el cielo… Como Prometeo devorado, insípidos cuervos comen nuestra sangre, resto de infierno y cadenas… simple, profundo sufrimiento.


Daniel Rojas




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